4 Estrategias
para Gestionar el Riesgo
4 Estrategias para Gestionar el Riesgo

En un plan de gestión del riesgo, las organizaciones identifican, evalúan, clasifican, priorizan y revisan posibles disrupciones que puedan afectar la continuidad de su operación, y de esta manera su sostenibilidad.  

El reto institucional en un plan es definir caminos posibles que eviten o minimicen la posible cristalización de riesgos, con un enfoque que permita ahorrar costos, tomar decisiones más precisas, adoptar un enfoque proactivo, aportar mayor confianza y contribuir a la continuidad de la actividad. 

En el presente artículo proponemos explorar las 4 estrategias clave que pueden ayudar a las organizaciones a gestionar de manera eficaz y eficiente sus riesgos identificados. 

Este camino implica tomar medidas para eliminar la amenaza o proteger la organización de su impacto. Por ejemplo, si se identifica que un proveedor clave podría cambiar, se debe buscar un proveedor alternativo, e incluso cambiar el enfoque del proyecto, para eliminar esa dependencia. Evitar el riesgo puede ser una estrategia muy efectiva, aunque a veces puede implicar cambios significativos en el proceso. Es importante evaluar si estos cambios son viables y si realmente eliminan el riesgo sin crear nuevos problemas.

Implica trasladar la responsabilidad de manejar el riesgo a otra parte o tercero. Un ejemplo, es que la organización contrate un seguro para cubrir posibles pérdidas financieras debido a un desastre. Transferir el riesgo puede ser una excelente manera de mitigar el impacto financiero de ciertos riesgos, sin embargo, es crucial asegurarse que la parte a la que se transfiere sea confiable y capaz de manejarlo.

Esto significa tomar acciones para reducir la probabilidad de que ocurra el riesgo o minimizar su impacto. Por ejemplo, si hay un riesgo de que un sistema informático falle, se puede implementar medidas de respaldo y recuperación de datos. Mitigar el riesgo es probablemente la estrategia más común y efectiva para reducir el impacto, pero requiere de una planificación cuidadosa y a menudo inversiones en medidas preventivas 

Cuando no existe otra opción, se debe aceptar el riesgo ya que no hay maneras de evitarlo y se debe convivir con él. Las organizaciones deciden aceptar un riesgo cuando este es de baja probabilidad de ocurrencia como, por ejemplo, la posibilidad de que las instalaciones de la organización sean destruidas por un terremoto. Aceptar el riesgo puede parecer arriesgado, pero en algunos casos es la opción más lógica, para lo cual es importante tener un plan de contingencia en caso de que el riesgo se materialice. 

Cada estrategia vista y ejemplificada enmarca sus propias ventajas y desventajas; la elección de la estrategia adecuada dependerá de la naturaleza del riesgo y de los recursos disponibles en la organización.  

Es relevante reforzar que la gestión del riesgo es un proceso continuo y que es crucial revisar y actualizar regularmente el plan de respuesta a riesgos. 

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